¿Alguna vez has visto en alguna red social las famosas “fotos por venganza” o publicaciones despectivas o peyorativas hacia alguien?
Por desgracia cada vez es más común ver esta u otras formas de violencia en las redes sociales, mientras que gobiernos, asociaciones e instituciones diversas intentan crear una legislativa que proteja a las víctimas de estas situaciones.
Reacciones del día a día en el mundo de la “Red de Redes” (también conocida como Internet), dejan en evidencia el lado oscuro de una red social, donde todos pueden opinar pero no suele haber filtro ante la ofensa o la recepción del mensaje.
¿Cómo podemos protegernos ante esto?
Antes que nada, debemos ser responsables de nuestra realidad en las redes sociales. El uso excesivo de datos personales, la exposición pública de contenidos personales, publicaciones que puedan llevar a una segunda interpretación, pueden ser los clavos del ataúd que nos entierre en un remolino de contenido ofensivo hacia nuestra persona. Tenemos que ser consciente del contenido que hacemos público, y delimitar nuestra vida pública con la privada.
¿Existen factores ajenos a nuestra voluntad?
Por supuesto. Como ha sucedido desde siempre, el ser humano se suele ver en la necesidad de comentar el comportamiento social de sus congéneres, y no suele hacerse de una forma acertada y respetuosa. Rumores, los llamados “trolles” o simplemente gente que haya sufrido una experiencia negativa con nosotros (o que mantenga relación con alguien que la haya sufrido) puede dar lugar a una verdadera bola de nieve, que poco a poco degrade nuestra imagen social, y por tanto, con el concepto sobre nosotros que puede llegar a formarse alguien que encuentre este contenido.
¿Solo nos afecta como estudiantes o puede afectarnos en otros entornos sociales?
En todos. Sin excepción. Podemos no superar una entrevista de trabajo porque los que fuesen nuestros jefes o entrevistadores han accedido a nuestros perfiles y algo no les ha gustado. Puede producirse “mobing”, “bulling”, violencia verbal o presión social sobre nosotros. En casos extremos el ciberacoso puede acabar en la muerte o en la marginación social de un individuo. Nos afecta hasta en el entorno amistoso y familiar, pues si no tenemos cuidado con lo que hacemos público, puede darse lugar a malos entendidos o incluso a enfrentamientos.
Y las instituciones públicas, ¿qué hacen para protegernos?
Gracias a diversas normativas amparadas en leyes y principios del derecho, se suele exigir a las redes sociales un mecanismo de censura popular, permitiéndonos denunciar estos y otros casos a los administradores de estos servicios, y quedan bajo un reglamento ético normalmente expresado en los términos y condiciones de las diferentes plataformas.
En España, además, se aplica el “derecho al olvido” y el “derecho al honor”, lo que nos permite obligar al borrado de contenido público o privado nuestro que no queramos que quede latente, así como denunciar a aquellas personas que atenten contra nuestra imagen personal, ya sea pública y privada.
¿Hay algún lugar donde podamos ver las consecuencias de ser un ciberacosador?
Un buen ejemplo es una serie hecha pública recientemente, y de la cual se está produciendo una segunda temporada. “Por 13 razones” cuenta la historia de un suicidio de una adolescente, la cual se ve acosada, humillada y desprotegida en un entorno social supuestamente de seguridad y confort. En esta serie se tratan temáticas como las violaciones, la publicación de contenido personal no autorizado, la indiferencia de las autoridades encargadas de su protección, la difusión de rumores y falsas acusaciones, y un acoso generalizado hacia la protagonista, ya fallecida, que hace pública su historia con una serie de casettes que intenta distribuir ante los responsables de su letal final.
¿Qué medidas debemos tomar si pensamos que alguien está siendo acosado?
Antes que nada, debemos hablar con esta persona, e intentar ponerle al corriente sobre este hecho. En caso de que las sospechas sean fundadas, deberemos dialogar con amistades cercanas y familiares, para que puedan generar un “escudo protector” que evite que el daño sea mayor. A continuación, deberemos actuar normativa en mano, informando a las instituciones correspondientes de los hechos, así como solicitar que se investigue si hay más contenido ofensivo. Si se produce en nuestro centro, deberemos hablar con jefatura de estudios, nuestro/a tutor/a, orientador/a del centro, y en última instancia con el equipo directivo del mismo. En el caso de que se traten de agresiones físicas o ataques directos y con antecedentes, podremos dirigirnos a los servicios sociales de nuestro ayuntamiento o a la policía local de nuestra zona.
Si se demuestran manifestaciones explícitas de violencia, se podrá producir una denuncia judicial formal, pudiendo acabar en condenas legislativas de integración social o privación de la libertar de nuestro acosador.
Siempre podemos actuar como testigos si somos capaces de demostrar que conocemos los hechos y hemos tenido constancia de ellos, como leer alguna publicación despectiva o haber presenciado algún acto de acoso o violencia hacia alguien.
Ten en cuenta que lo que permite a un/a acosador/a actuar de esa manera no es solo que haya otra persona acosada, sino también la indiferencia o el silencio de aquellos que conocen los hechos y no actúan en consonancia a su gravedad. Recuerda: defiende a quien sea acosado, porque algún día podrás verte tú en su lugar, y seguramente te gustaría que alguien te protegiese.
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